17 de marzo de 2022

Lo que me enseña la cultura en el estudio de la despoblación



Vecinas de Castrillo de los Polvazares (León) reunidas para contarme historias del pueblo.
Por Elena Gallego

El valor del patrimonio cultural para el fortalecimiento de la identidad, arraigo y cohesión social de zonas rurales despobladas

Despoblación y pérdida de identidad

Cuando estuve haciendo mi primer trabajo de campo en la comarca de la Maragatería, León, me recorría toda la zona con mi cochecito. Iba de aquí para allá haciendo fotos y hablando con los vecinos y vecinas de la zona en busca de información sobre la historia y cultura de los maragatos, así como sus impresiones sobre la vida en el campo y su actualidad.

Un día en particular, recuerdo preguntar en un pueblo dónde se encontraban los restos de un antiguo castro romano. Los informantes presentes en ese momento me contestaron con otro interrogante acerca de por qué quería ir allí “si no se ve nada”. Para ellos, el castro es un montículo de tierra que poco tiene que ver con sus vidas o su identidad cultural. La memoria histórica que conservan es mucho más reciente y, poco a poco, según se ha ido despoblando aquello, se va perdiendo sin que se intente conservar o se muestre interés.

fortalecer esta identidad y arraigo a la tierra puede ser el primer paso en la fijación y atracción de población en las zonas rurales

Así la despoblación afecta directamente a los procesos de identificación cultural, que son los que ofrecen cohesión social, creatividad, autoestima y memoria histórica a la comunidad. La marcha forzada de la mayoría de los vecinos a las ciudades, deja a los pocos que permanecen desolados y a las calles de los pueblos vaciadas. Esto repercute en que el sentimiento de comunidad se tambalee y se generalice la percepción de que la prosperidad que podrían haber tenido en el pasado, ahora es cuestionada por el “qué nos queda aquí”.

Esta desesperanza se contagia también a los más jóvenes, que cada vez se sienten menos parte de la comunidad y, ante la falta de actividad social y económica, se ven forzados a emigrar a las ciudades para continuar con sus estudios o buscar trabajo. Para ellos las oportunidades allí son pocas, lo que les hace regresar solo a sus residencias familiares en periodos cortos y perder el arraigo a su tierra de procedencia.

En consecuencia, fortalecer esta identidad y arraigo a la tierra puede ser el primer paso en la fijación y atracción de población en las zonas rurales. El patrimonio cultural, que engloba tanto bienes materiales como inmateriales, se puede emplear como recurso para alcanzar este objetivo, pero para ello debe incorporarse la acepción más antropológica del término a nuestro entendimiento.

El patrimonio cultural como recurso cultural

Campanario en Castrillo de la Valduerna (León). Elena Gallego

Bajo la visión más antropológica del término, el patrimonio cultural aquí propuesto habla de un patrimonio dinámico, transformador y puesto al servicio de la sociedad que lo posee. Algo así como un recurso cultural que se adapta a las necesidades y requerimientos de sus miembros. Este carácter permite entender que el patrimonio es un elemento identitario que crea unión, arraigo, memoria histórica y creatividad; elementos que justamente se han visto debilitados con el descenso de población.

Hay formas de este patrimonio que se van transmitiendo de generación en generación y otros que, simplemente por desuso o falta de interés, se van perdiendo. Este proceso es el curso natural de la vida que hace de este concepto sostenible, no se impone. El patrimonio cultural, fuera de la tendencia a mercantilizarlo, llevándolo casi al plano de lo local, a la escala micro, no es un término invasivo si no que más bien es adaptativo. De modo que esta humanización de su uso, puesta al servicio de la comunidad, puede ser un recurso sobre el que poner el foco de atención para generar claves concretas de revitalización territorial.

Por ejemplo, la activación de este patrimonio pone en marcha una serie de relaciones entre vecinos y vecinas de la zona que promueve su comunicación y su movilización. En la Maragatería, cuando preguntaba sobre la historia de los pueblos, los vecinos y vecinas me contaban sus versiones remitiéndome siempre a otros vecinos y vecinas que pudiesen narrarme más detalles o más sucesos. Así se fue formando la curiosa bola de nieve que muchas veces caracteriza la metodología etnográfica; y en apenas un mes ya había escuchado hablar de mí y de mi trabajo gran parte de la comarca.

La bola de nieve representa la dinamización sociocultural que puede activar el patrimonio cultural. Hablar de tus raíces y de la memoria histórica de tu tierra permite el encuentro, la unión del grupo, además del despertar de un nuevo interés común. Si esto ha sido tan sumamente positivo en una escala micro en una zona concreta, la Maragatería, ¿por qué no debería ser un ejemplo para otras áreas despobladas? No pretendiendo crear un nacionalismo local y ensalzar las diferencias culturales como bandera identitaria; sino reivindicar la historia de estos territorios para crear arraigo y vínculo entre los vecinos y vecinas que perduran en ellos, e incluso, entre los que se fueron pero que todavía mantienen cierta conexión con la tierra.

Además, el patrimonio cultural puede ser una temática sobre la que configurar actividades culturales que actúen tanto de recurso pedagógico, enseñando la riqueza cultural del lugar, como de ocio y punto de encuentro de la comunidad. Los asistentes a las actividades destinadas a promover y conservar el patrimonio cultural, podrían coincidir y participar sentados o en activo en bailes y cantos folclóricos, representaciones teatrales de episodios históricos, talleres gastronómicos y artesanales, y en muchas otras iniciativas similares.

En consecuencia, el patrimonio cultural vuelve abrir un abanico de posibilidades que la despoblación, y el consecuente sentimiento de desesperanza, había pintado como un imposible. El patrimonio aquí descrito es un recurso humano y cultural con carácter polifacético, adaptativo y al alcance de todos, de modo que ¿por qué no comenzar por la cultura para abordar el reto rural?

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