21 de abril de 2022

Los parches temporales que ponemos en los servicios básicos del medio rural



Consultorio abierto de Murias de Rechivaldo
Fuente: Elena Gallego

Hoy en día, aunque parezca mentira, cotidianidades como ir al médico, llevar a la escuela a tus hijos o encontrar una casa donde vivir; se vuelven complejas en el pueblo. Eso a lo que estamos acostumbrados la gente que vivimos en ciudades o en pueblos más grandes, parece un lujo en los pueblos más pequeños. Increíble.

En el pueblo, tienes suerte si tu consultorio abre, aunque sea un día a la semana. Si no, te toca desplazarte. Hace poco leía un artículo que me parecía revelador el testimonio que recogía de una vecina de 73 años de un pueblo de Zamora. La mujer se quejaba de que, con la pandemia, el consultorio de su pueblo llevaba más de 600 días cerrado. Con la indignación que le provocaba, la mujer reclamaba ante el periodista: “pagamos nuestros impuestos, tenemos el mismo derecho a los mismos servicios, ¿o no?”.

La voz de esta mujer es la de muchos vecinos y vecinas de la España rural. La falta de medios y de personal, que además deben recorrerse cientos de kilómetros para abarcar todo el territorio, indigna a una población que clama por tener los mismos derechos y oportunidades independientemente del lugar donde vivan. La escasa densidad de población de los pueblos más pequeños, no debería ser excusa para desatender esta primera necesidad. La sanidad es esencial para todos, pero primordial en estas zonas donde la mayoría de su población es mayor de 65 años. De manera que, su mejora es tanto un incentivo para asentar población como para promover un envejecimiento activo y saludable.

 

¿A qué cole vas?

El caso de la educación es similar, ya que la mayoría de escuelas rurales han cerrado y se han centralizado los colegios e institutos de educación en núcleos urbanos de mayor tamaño o ciudades. Si en esta centralización no se aseguran medios de transporte que lleven a los niños y niñas a las escuelas, el derecho a la escolarización queda cuestionado y enfrentado al derecho a elegir dónde quieres vivir. Hoy en día, aunque a veces suene a tiempos lejanos, la falta de servicios de movilidad pública continúa haciendo elegir a las familias sin vehículo propio entre la escolarización de los niños y la ubicación de su vivienda. De modo que la soluciones que se plantean pasan por descentralizar los centros educativos, con iniciativas como la reciente apertura de un centro de formación profesional (CAM) en un municipio pequeño (Santa Colomba de Somoza), y la mejora de la movilidad interurbana, que viene a ser otra gran problemática del medio rural.

Niños en la puerta de la antigua escuela de Santa Colomba de Somoza
Fuente: Elena Gallego

Coche… o nada

La red de transportes y carreteras de los pueblos de los medios rurales de España deja mucho que desear. En mi pueblo, por ejemplo, pasan dos autobuses en todo el día y el precio de los taxis es descabellado teniendo en cuenta que te cobran el doble por el desplazamiento o la vuelta al pueblo desde donde salen. Esta logística desencadena una necesidad casi imperiosa de que todos los ciudadanos tengan vehículo propio o, en su caso, una red de contactos que les puedan llevar y traer, como también ocurre con algunos vecinos y vecinas de mi pueblo. Así, los medios son escasos, y dicha precariedad se materializa en forma de un abandono casi total de algunas carreteras locales y comarcales. Solo el turismo parece haber movilizado iniciativas de mejora de estas carreteras y redes de transporte, pero fuera del alcance de los intereses turísticos, quedan muchos lugares desconectados.

En contraste con este desgaste, cabe resaltar que el medio rural es un buen espacio para desarrollar la movilidad sostenible. Ya sea invirtiendo en vehículos públicos no contaminantes como en puntos de recarga para coches eléctricos, el mundo rural puede ser sostenible con el medio ambiente a la par que innovador. Para ello se necesitan numerosos fondos que costeen dicha instalación, pero no todos tienen porque venir de la administración pública. Desde el sector privado también hay muchos interesados en esta transformación hacia la movilidad sostenible. Las empresas de energías limpias que puedan aprovechar los recursos naturales de estos espacios rurales son un ejemplo de agentes interesados en el cambio ya que los medios y recursos que poseen están directamente relacionados con estas iniciativas y les facilita las gestiones además de reducirle los costes. Por lo que con una colaboración público-privada se podrían alcanzar estos objetivos y se beneficiarían muchas partes, principalmente los habitantes locales.

Esta casa es una ruina

Por último, ya comentábamos con anterioridad la necesidad de facilitar el acceso a las viviendas del medio rural, así como de mejorar sus condiciones de habitabilidad. En la Maragatería, diversos portales inmobiliarios muestran una gran oferta de casas y parcelas en venta. Sin embargo, la polarización de esta oferta radica en el estado de conservación de las casas, que pueden estar muy bien preservadas y por tanto tienen unos precios altos e inflados; o pueden ser viviendas semiderruidas, cuya venta no constituye más que un precio simbólico en comparación a la inversión en reformas que debe hacerse después.
A este panorama se le suma también la ausencia de alquileres a largo plazo en la comarca. Todos los alojamientos temporales de la Maragatería están destinados al sector turístico y sus precios van acorde a ello. De manera que hacer frente a estos costes para períodos más largos, es inviable para muchos e impide que, aquellos interesados en asentarse en el medio rural, como los teletrabajadores, puedan mudarse al pueblo.
Para paliar esto, recientemente se ha impulsado la “Red Nacional de Pueblos Acogedores de Teletrabajadores” que sirve de portal de búsqueda de pueblos en los que vivir, con información detallada acerca de sus servicios y alojamientos disponibles. Sin embargo, la escasez de viviendas provoca que muchos de estos pueblos continúen ofertando únicamente alojamientos turísticos económicamente adaptados a estos inquilinos; lo que convierte la iniciativa en un parche temporal.

Basta ya

Así, todas estas observaciones vienen a demostrarnos que va siendo hora de ir quitando estos parches, y fijar los pilares de un buen desarrollo rural que nos asegure igualdad de derechos y oportunidades.

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