05 de mayo de 2022

El rol de lo rural en el siglo XXI



Estas últimas semanas, Elena Gallego nos ha narrado su visión del medio rural desde sus experiencias personales. Con un discurso muy clarificador, me hace reflexionar sobre la nueva vida rural y su carácter transformador.

Hay varios enfoques para formular el discurso sobre el futuro del mundo rural, y creo que ambos se pueden integrar. Uno desde la perspectiva personal o experiencial, como hacía Elena Gallego, y que hace preguntarnos cómo llega uno al campo o a la consideración del campo como una alternativa vital. Otra desde el punto de vista profesional, es decir, cómo el campo puede pasar de ser un problema, a ser parte de la solución en un momento de oportunidad por la transición hacia una nueva era que, con el coronavirus, se ha acelerado.

Centrándome en este segundo enfoque, con una visión más macro, reconozco la urgencia de tender puentes entre las necesidades identificadas en el terreno con las posibles políticas que podamos poner en marcha. Vivimos tiempos de transición y transformación que pueden generar miedo pero abren ventanas de oportunidad y nos permiten considerar el campo en perspectiva de futuro.

Estamos en una nueva era o paradigma determinado por la tecnología. El siglo XXI se caracteriza por una realidad híbrida propiciada por la conectividad que gradualmente supedita la realidad física a la realidad virtual o digital. Hoy, y lo hemos visto con el COVID, los bienes y servicios quedan supeditados a su comercialización por Internet; hasta nuestra interacción social y creciente número de trabajos dependen de la comunicación por Internet. Esta transformación de base en la organización de nuestras vidas a través de la digitalización está propiciando el desarrollo de nuevas tecnologías en todos los ámbitos de nuestras vidas que, al conectarse entre sí y recombinarse, y al hacerlo a nivel global, permiten desarrollos exponenciales (lo que se conoce como 4RI), frente a los desarrollos tecnológicos lineales y aislados de etapas anteriores. Piénsese en el desarrollo de las vacunas durante el COVID-19.

En este siglo se constata también el agotamiento o insostenibilidad del modelo desarrollo que conocemos como industrial con importantes interconexiones con las dinámicas geopolíticas. Durante más de 200 años, desde la primera revolución industrial que desencadenó el proceso de abandono del campo en favor de la ciudad, donde se creaban empleos de futuro para la fabricación de bienes en fábricas y posteriormente servicios derivados de la concentración de personas. El modelo de desarrollo ya no es capaz de seguir generando crecimiento sin amenazar la viabilidad de dos capitales esenciales de los que depende: natural y social.

  1. Se superan los límites de la naturaleza impidiendo su regeneración.

  2. No satisface las necesidades sociales básicas generando desigualdades intolerables para la sociedad.

La combinación de estas dos grandes tendencias está ejerciendo una enorme presión sobre los individuos que se ven perdidos y amenazados. Este tercer elemento es, en mi opinión, especialmente relevante ya que ningún cambio es factible sin el concurso de las personas que están condicionadas por su entorno. Pero, es urgente y necesario.

Por muy digitales que nos hagamos, por mucha desmaterialización de nuestra realidad -bienes y servicios pero también educación, sanidad, trabajo- hay un límite mientras seamos los humanos los que estemos en el planeta. Existe una presencia física, y por lo tanto, por muy globales que seamos, por muy digitales que nos hagamos, los espacios físicos son importantes. Dónde vivamos como seres humanos es importante, y en el siglo XXI se ha roto la tendencia de abandono del campo por la ciudad, por imperativo de desarrollo para recuperar el campo como opción vital, no solo posible, sino en mi opinión necesaria.

Gracias a la conectividad, con un aprendizaje acelerado espoleado por la necesidad, es posible desarrollar tu actividad y estar conectado al resto de los humanos.

En esta perspectiva, hay tres elementos imprescindibles que adelanto y que iremos desarrollando:

  • Los trabajos del futuro ya no están en la ciudad, están en espacios bien conectados.

  • Cada vez es más importante, en un momento de crisis climática, cuidar los espacios porque son los que nos dan calidad de vida.

  • No podemos pedir al campo las características propias de la vida urbana.