27 de noviembre de 2021

Patrimonio cultural para futuro rural



Los planes de revitalización de un territorio despoblado pocas veces hacen referencia al papel que puede desempeñar el patrimonio cultural como recurso de cohesión social, autoestima, memoria histórica y creatividad. Estas políticas “de despacho”, por no atender, muchas veces no atienden ni al contexto ni a los propios agentes locales de dichos territorios. De manera que las políticas que procuran combatir el reto demográfico desembocan en una sucesión de ideas generalistas y supuestamente progresistas que hablan de esa España Vacía que ni siquiera han llegado a comprender.

Cuando llegué a la Maragatería, había escuchado que ciertos profesionales de las ciencias sociales habían denominado esta zona como la Segunda Laponia Española. La primera “Laponia” es la zona de la Sierra Celtibérica, cuya densidad de población es todavía inferior. No obstante, cuando comencé a leer más sobre la historia de esta comarca y el paso de las diferentes culturas por estas tierras, me sorprendió que un pasado tan emblemático, se haya convertido en un presente tan desolador. Este contraste me dio la idea de investigar más acerca del valor que puede alcanzar la conservación y difusión de una memoria histórica tan enriquecida en el desarrollo actual de la zona.

El abanderamiento de una identidad cultural común y diferenciada es un recurso cultural que sirve para crear arraigo, cohesión y unidad en territorios donde estos adjetivos cada vez se van perdiendo más. La migración a las grandes urbes de la mayoría de sus vecinos y vecinas, así como el grave problema de envejecimiento de la zona, repercute en la sociedad creando un sentimiento de desesperanza y abandono total. De manera que la recuperación de estos valores mediante algo tan sempiterno como el patrimonio cultural, es un pilar sobre el que se puede cimentar un plan de desarrollo local y sostenible.

El patrimonio cultural se transmite de generación en generación, y en este proceso, se va transformando según la capacidad creativa del grupo que lo recibe. Así, el patrimonio cultural se pone a disposición de la sociedad, que selecciona y redefine los elementos que conforman su acervo cultural.

Con la revalorización de este patrimonio, se puede potenciar la identidad de la comunidad ya que despierta el interés de una población apática y desesperanzada. Gracias a este recurso, se puede revivir y volver a poblar áreas rurales creando dinamismo social y cultural. Además de que el patrimonio puede desencadenar actividades económicas y, por consiguiente, mejorar los ingresos y la calidad de vida de la colectividad.

Este proceso es sostenible y atiende a los intereses de los propios agentes implicados, por lo que, combinando la atención hacia este recurso con otras medidas de recuperación de territorios despoblados, se puede elaborar un plan de desarrollo local más humano y contextualizado.

Enlace al Trabajo de Fin de Grado: http://hdl.handle.net/10481/70139