28 de noviembre de 2019

Cooperación y fábulas para un nuevo contrato social



Fotografía: Florian Klauer.

Por Sofía Soler Sánchez
Tiempo de lectura: 4 min

No pueden abordarse cuestiones tan humanas como la ética, el progreso o el bienestar sin recaer en una de nuestras principales características, somos seres sociales. El llamado contrato social por el que se rigen las sociedades, en cambio, no es natural, sino construido como pacto entre ciudadanos. Porque lo necesitamos. Nos necesitamos para sobrevivir.

Para explicar mejor esto, el historiador Yuval Noah Harari, autor del exitoso ensayo Sapiens, define al ser humano con dos rasgos fundamentales que nos diferencian como especie frente al resto de animales con los que habitamos el planeta: la cooperación y la imaginación.

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“Así como se necesita una tribu para criar a un niño, también se necesita para inventar una herramienta, resolver un conflicto o curar una enfermedad.

Nadie sabe todo lo necesario para construir una catedral, una bomba atómica o un avión. Lo que da al Homo sapiens ventaja sobre los demás animales y nos convirtió en los amos del planeta no fue la racionalidad individual, sino nuestra capacidad para pensar juntos en grandes grupos”, Harari.

Cooperación

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“Podemos cooperar flexiblemente con infinidad de desconocidos porque solo nosotros entre todos los animales del planeta podemos crear y creer fábulas, historias de ficción. Si todos creen en la misma fábula, entonces todos obedecen y siguen las mismas reglas, las mismas normas, los mismos valores”, Harari.

Imaginación

Nuestra capacidad de cooperación e imaginación está detrás de la construcción de estas ficciones que llamamos “estados”, “naciones”, “países”, “instituciones” que, en palabras del mismo Harari, nos han permitido “gobernar” la Tierra. ¿Cuál es el papel del individuo en todo ello? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Tiene acaso importancia? ¿Para qué sirven estas construcciones?

Cuando nos planteamos los dilemas entre contrato social e individuo en Relathia, no podíamos dejar de advertir: se aborda siempre desde una óptica profundamente occidental y, por lo tanto, parcial y muy concreta. Su origen está en pensadores europeos ilustrados como Thomas Hobbes y John Locke, que coincidieron en creer que ese contrato social servía para estructurar las monarquías modernas a partir de la legitimidad pública, y no solo por una legitimidad divina.

La esencia del contrato social: un acuerdo por el bien común

Para Hobbes, el ser humano no es un ser social como pensaba Aristóteles; es egoísta y competitivo, lo que en el Estado de Naturaleza nos hace estar en guerra permanente. No obstante, como ser racional, el humano sabe que, para evitarlo, es necesaria la creación de unas leyes y un pacto político para convivir socialmente. Así, los ciudadanos ceden parte de la libertad que tienen en favor de una institución (sea una persona como en la monarquía absoluta o en un parlamento), pero lo hacen en beneficio de sí mismos, para garantizar el orden, la seguridad, el bienestar.

Todo esto es algo distinto para Locke, para el que sí existe una ley que rige el Estado de Naturaleza: la razón. Esta nos enseña que no se debe de dañar a otros en su libertad, salud o posesiones y que las transgresiones a esta regla deben ser castigadas. Aunque con un enfoque diferente, Locke también cree en la necesidad de un pacto entre seres humanos, pero con mayor énfasis en la libertad de los individuos y en la limitación del poder de estas instituciones frente a los ciudadanos, a los que confiere derechos naturales y deberes.

Un grupo de ciudadanos que cooperan es más que una suma de individuos

En el mundo híbrido de hoy, las antiguas instituciones y reglas no están siendo tan útiles como lo habían sido hasta el momento. Internet no es solo digital, también es global, dinamitando los anclajes que garantizaba la estructura de estado nación.

Necesitamos un nuevo contrato social, una nueva ficción para navegar en un mundo con dinámicas diferentes a las que existían en los siglos pasados. Porque, como repararon Hobbes y Locke, no podremos hacerlo individualmente. Según la “ilusión del conocimiento” de Steven Sloman y Philip Fernbach, hoy creemos que sabemos mucho, porque la humanidad colectivamente tiene más conocimiento que nunca de forma accesible y conectada, pero la realidad es que individualmente sabemos muy poco.

En Relathia creemos que los ciudadanos que actúan cooperando son más que una simple suma de individuos. Cada ciudadano puede tener un papel activo y, desde su ámbito de actuación, debe ser responsable, poniendo sus esfuerzos al servicio de ese bien común. El relato que construyamos tendrá que ser complejo y tendrá en cuenta las demandas de diversidad, sostenibililidad y equidad.

¿Es posible llegar a unos acuerdo mínimo global?
¿Cómo hacerlo cuando crece el populismo que rechaza los organismos multilaterales?
¿Qué estamos dispuestos a ceder y cuáles serán límites?
¿Están las democracias occidentales dispuestas a hacerlo en igualdad de condiciones con otros jugadores de culturas distintas?
¿Interesa realmente un pacto global o vamos hacia una mayor fragmentación?

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Un nuevo contrato social para los ciudadanos de internet

Un ejemplo reciente viene desde World Wide Web Foundation, fundada por el inventor de la World Wide Web, Sir Tim Berners-Lee. Su iniciativa aboga por avanzar hacia un nuevo contrato social, con la web abierta como un bien público y un derecho básico. En noviembre de 2019, han lanzado Un contrato para la web, que pretende ser “un plan de acción global para que nuestro mundo en línea sea seguro y empoderador para todos y todas”. Son 9 principios fundamentales dirigidos a empresas, gobiernos y ciudadanos.

¿Qué opinas de estos principios? Cuéntanoslo en Twitter.

Fuentes y lecturas recomendadas:

“What explains the rise of humans?”, Yuval Noah Harari en Ted Global London.

Poder político, contrato y sociedad civil: de Hobbes a Locke”, Porfirio Cardona Restrepo en Revista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

“People Have Limited Knowledge. What’s the Remedy? Nobody Knows”, Yuval Noah Harari sobre el libro The Knowledge Illusion, Why We Never Think Alone, de Steven Sloman and Philip Fernbach.

“Tech & Society: “El futuro de internet: un contrato social para la Web”, con Marta Peirano y José Manuel Alonso en Aspen Institute España y Fundación Telefónica.

Contractfortheweb.org, por la World Wide Web Foundation.