11 de agosto de 2021
Complementariedad: indispensable para el desarrollo rural s.XXI

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Las consecuencias de la recurrente desatención durante los últimos 60 años del entorno rural lo han convertido en un escenario con máxima potencialidad para la creatividad, las alianzas y la innovación.
Al otro lado, en las ciudades, se ha construido otra realidad no menos desacertada y cuya quiebra se hace más latente cada día.
La sensación es que en ambos territorios se ha relegado el bienestar de la población y su entorno en aras de un crecimiento, que no desarrollo.
No con más fortuna, la ausencia de consciencia común sobre la interrelación urbano/rural ha ido aumentando distancias y disminuyendo los beneficios de la complementariedad de los territorios. Nuevamente, el Estado de Bienestar se resiente.
Si en algo hemos avanzado es en el reconocimiento de que no queda otra que revertir la situación y actuar para recuperar el equilibrio territorial y la equidad social, conectando y cruzando la abundancia y escasez de ambos entornos con el fin de:
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generar libertad de elección sobre dónde vivir.
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generar FUTURO mediante un balance poblacional, de servicios y acceso que genere porvenir, y no el devenir medioambiental, social y económico negativos que ya son una realidad. Crear las oportunidades para que las personas se desarrollen.
Bajo estas premisas, alinear las políticas nacionales de una manera transversal, sistémica y con mirada multiagente y multisectorial a medio-largo plazo parece que es el camino. El diseño y desarrollo de proyectos conectores urbano/rural rural/urbano, y a favor de una multifuncionalidad económica, social y de gobernanza en contexto identitario y coherente con los territorios, se hacen imprescindibles.
Tenemos que construir itinerarios con futuro, independientemente del lugar de residencia, con relatos y criterios de continuidad, sostenibilidad y escalabilidad. Esto requiere de una mirada que adopte la diversidad y peculiaridades de ambos territorios como complementariedad indispensable y conveniente para construir un bienestar equilibrado y suficiente para un longlife living alternativo, temporal, fijo o a la carta.
Diseñar estrategias integradoras y que construyan futuro es convertir el gasto en inversión con cuyos retornos económicos, sociales y medioambientales podamos reinvertir. Círculo virtuoso.
La dispersión propia del entorno rural, muy a la contra de lo establecido hasta la fecha, no puede ser excusa, sino razón suficiente para mancomunar. Según la RAE, este vocablo no es otra cosa que “unir personas, organismos, fuerzas o caudales para un fin”. Liderazgo compartido como metodología, humildad como asignatura pendiente y propósito de bienestar común como objetivo.
Por otro lado, la concentración que caracteriza el entorno urbano no puede ser el vector sobre el que se sustente una realidad nacional. El 20% no es el todo, ni puede obviar el 80% restante. Si atendemos al declive demográfico que ya está teniendo efectos en la despoblación de ciudades, no solamente europeas, parece aconsejable dejar de ser lineales a la hora de concebir y planificar soluciones, incluso en aquellos territorios que hasta la fecha han sido protagonistas e intensamente beneficiados.
Toca redimensionar las coordenadas habituales con una mirada generosa, inteligente, en gran medida por colectiva y global. Nuevamente, la RAE da pistas de a qué nos referimos cuando hablamos de redimensionar con un importante adjetivo en su definición: “Dimensionar de nuevo”
Nuevos marcos de diseño, de gestionar datos a analizarlos para esa redimensión y regeneración con el objetivo de redistribuir equitativamente el bienestar común. Romper silos administrativos, sociales y, más importante, mentales. Promover una colaboración interterritorial y transnacional que abrace la creatividad en los procesos, en las alianzas, en los productos, en la normativa, en los servicios, etc…. En la mirada.
Si sumamos la tecnología como cómplice para romper las fronteras off, descentralizar y democratizar el acceso al 100% del territorio, entendido este como futuro, ¿podríamos hablar entonces de territorio, de escaparate de oportunidades y recursos, y dejar que su adjetivación sea una opción propia, nuestra, del ciudadano y el entorno, sin que sea implícita por la variable del desequilibrio?
Hay debates inaplazables a los que, TODOS, estamos invitados.