24 de marzo de 2022

Antes el campo era motor económico… y ¿ahora?



Foto de Elena Gallego en León

Hoy os comparto mi visión de la actividad económica desde el terreno, desde lo que en su día me contaron mis mayores y de lo que observo en la actualidad.

Los maragatos han sido un ejemplo claro de emprendimiento en el mundo rural. Este grupo, dedicado al transporte de mercancías, se estableció en esta región ya que quedaba en un punto medio estratégico entre el norte y el centro de España. De hecho, muchos apuntan a que la epistemología de la palabra maragato viene de “mar” y “gato”, es decir, personas que iban del mar, a los gatos, denominados así comúnmente los madrileños. Historias aparte, este grupo supo hacer riqueza donde no la había, ya que la Maragatería, que pasó a llamarse así por sus pobladores y no al contrario, era y continúa siendo una tierra árida y pobre.

Hoy en día poco queda de ese pasado tan emblemático, y muchos menos de la actividad económica que les enriquecía. Con la despoblación, ha disminuido el dinamismo social, y por tanto la economía local. Los habitantes de esta región, como de muchas otras de España, no ven oportunidades laborales ni de emprendimiento, lo que alimenta la pescadilla de la desesperanza en la que viven los vecinos y vecinas.

Numerosas actividades económicas cierran ante la falta de clientes y de empleados que hagan de relevo generacional y continúen con la labor. Las artesanías se disuelven en la industrialización de casi todo tipo de productos y el sector agropecuario ve difícil la competitividad con el mercado global y sus precios. Todo ello termina por hacer desaparecer muchas de estas actividades, quedando exclusivamente los negocios más grandes y, por supuesto, los del sector turístico.

Con el boom del turismo nacional, el turismo rural sufrió un crecimiento muy favorable que ha terminado por condenar muchas regiones rurales españolas en espacios estivales y recreativos. Mi pueblo parece haberse disneyficado en un parque temático de cocidos maragatos, y cualquier otra actividad económica simplemente queda descartada. Claro que, sucesos como la pandemia nos demuestran que su generalización y unanimidad no es sostenible.

El desarrollo económico del medio rural a través de la diversificación de sus actividades, la inversión en servicios básicos y la introducción de nuevas energías.

En este sentido, en mi pueblo como en muchos otros, es necesaria una diversificación de la economía que no esté calendarizada y enfocada exclusivamente en los clientes exteriores. Centrar la economía de estos territorios rurales en el consumo local y de proximidad es una solución que limita los efectos negativos de la globalización económica, diversifica las actividades económicas y asienta población. También, como nueva actividad económica, el campo puede configurarse como un espacio diferencial de teletrabajo para aquellos empleados que tengan flexibilidad.

No obstante, como ya iremos desarrollando en los próximos artículos, para ello se requiere invertir más capital en proyectos de emprendimiento y en rehabilitar o construir viviendas dignas donde los trabajadores puedan asentarse. Además de una mejora en los servicios básicos, en la cobertura digital y en las redes de transporte que faciliten las condiciones mínimas de habitabilidad. El desarrollo económico de las zonas rurales se relaciona directamente con la gestión social del territorio.

A esta secuencia de propuestas para mejorar la actividad económica de una zona rural, hay que añadir el estudio de los diferentes recursos paisajísticos y ambientales que se pueden encontrar en cada contexto rural. Por ejemplo, como venía comentando, La Maragatería, a diferencia de su comarca vecina el Bierzo, es un ejemplo de tierra árida y suelo pobre con pocos usos agrícolas. Sin embargo, recientemente se han buscado nuevas sinergias con plantaciones de cultivos innovadores, ecológicos y que llevan el sello de calidad , demostrando la capacidad de resiliencia tanto del terreno como de sus vecinos y vecinas de la zona.

También, la incorporación de energías renovables es un aliciente en el aprovechamiento de este tipo de terrenos y sus recursos medioambientales. La Maragatería posee mucho potencial en luz solar y viento, por lo que la inversión en estas energías reportaría grandes beneficios anuales a la comunidad. En este proceso, la ocupación de terreno para esta actividad debe ser comedida y en respeto con medio, de manera que la implantación de estas infraestructuras no atente contra la biodiversidad de la zona ni limite en exceso la actividad agropecuaria que se desarrolle allí.

Para ello, vincular esta actividad industrial a un ámbito local, enfocado a reportar ganancias a la población como vienen haciendo las comunidades energéticas, es una posible solución. Tanto en la construcción y mantenimiento de sus infraestructuras, como en el ahorro que suponen estas energías, debe en primera instancia atender a los propios locales, aportando suficiencia energética, trabajo y las ventajas que estas energías limpias acarrean. Con ello también comienza la transformación hacía un futuro sostenible, donde la gente perciba estos beneficios en pequeños detalles.

De manera que, con el enfoque adecuado, el medio rural puede convertirse en un espacio innovador y de emprendimiento tan importante como cualquier espacio urbano. Hay que descentralizar la idea de que el progreso, social y económico, está en las ciudades, y arriesgarse a buscar nuevas oportunidades como en su día hicieron los maragatos.