29 de abril de 2020

Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias



Nos acercamos a la compilación Sopa de Wuhan de marzo de 2020, con textos de pensadores contemporáneos en torno a la emergencia global del coronavirus, editada por Pablo Amadeo. Lo resumimos siendo conscientes de que las prisas y la inmediatez no son las mejores aliadas para un análisis amplio y de calado, pero pueden ser una primera piedra. Su lectura es una buena forma de tomar el pulso al estado mental en el que nos encontramos cuando nos sobrevino la pandemia.

1. El estado de excepción como norma

“La invención de una epidemia”. G. Agamben

Agamben alerta de una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno, aprovechando estados de pánico colectivo. Se acepta la limitación de libertades impuesta por los gobiernos por miedo y en nombre de la seguridad, como ha ocurrido anteriormente con la amenaza de terrorismo.


2. Oportunidad para una sociedad basada en la cooperación global

“Coronavirus: un golpe al capitalismo al estilo de Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo”. S. Žižek

La pandemia abre la puerta a pensar una sociedad alternativa, más allá del estado–nación, actualizada en las formas de solidaridad y cooperación global.

Obligará a reinventar el comunismo y lo mismo ocurre con el capitalismo: se hace evidente de que no podemos seguir como hasta ahora. Solo podemos salvar nuestras libertades con cambios radicales.

Todas las amenazas actuales (sequías, olas de calor, tormentas masivas) necesitan algún tipo de coordinación global muy eficiente. La Organización Mundial de la Salud es un modelo vago de ello, pero debería tener más poder ejecutivo.

¿Es la lección de la epidemia que debemos crear algún tipo de red GLOBAL de atención médica? ¿Todo esto no indica claramente la necesidad urgente de una reorganización de la economía global que ya no estará a merced de los mecanismos de mercado?


3. Se está poniendo en duda a toda una civilización

“Excepción viral”. Jean-Luc Nancy

La ‘excepción’ se convierte en regla en un mundo en el que las interconexiones técnicas de todas las especies alcanzan una intensidad hasta ahora desconocida y que crece con la población.

Se está poniendo en duda a toda una civilización. Los gobiernos no son más que tristes ejecutores de la ‘excepción viral’, y desquitarse con ellos es más una maniobra de distracción que una reflexión política.


4. El prójimo ha sido abolido: el riesgo es la degeneración de las relaciones humanas

“Contagio”. G. Agamben

Las medidas de confinamiento y estado de alarma convierten a cada individuo en un potencial culpable de expandir la epidemia, por lo que puede ser castigado con la cárcel si no se atiene a las prescripciones del gobierno.

Más que el impacto que pueda tener esto en el individuo, es importante la potencial degeneración de las relaciones entre los humanos: nuestro prójimo ha sido abolido.

Para el autor, la situación en la que estamos es lo que los gobiernos han querido siempre: el cierre de las universidades y escuelas, que dejemos de reunirnos por razones políticas o culturales y que solo intercambiemos mensajes digitales.


5. El estancamiento como condición a largo plazo

“Crónica de la psicodeflación”. Franco “Bifo” Berardi

¿Y si la pandemia fuera un colapso que obliga a la Tierra a detenerse, una reacción de autodefensa del cuerpo planetario? El virus bloquea el funcionamiento de la economía, porque sustrae de ella los cuerpos. Hace tiempo que la economía mundial ha concluido su parábola expansiva.

La recesión económica que se está preparando podrá matarnos, podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de racismo y de guerra. No estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo. No estamos preparados para disasociar el placer del consumo.

La intervención de los bancos centrales u otros organismos financieros no será de mucha utilidad esta vez, porque a diferencia de la crisis de 2008, que provenía de factores financieros, esta crisis proviene del cuerpo. Es el cuerpo el que ha decidido bajar el ritmo. Además, el colapso financiero de 2008 procedía de condiciones internas a la economía, ahora entra en juego un factor extrasistémico, la pandemia.

Pero podemos salir de esta bajo condiciones antes impensables**: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo, igualdad, frugalidad, abandono del paradigma de crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, salud y educación. El autor denomina a esta salida “un gran deseo de abrazar”, que resume en solidaridad social, contacto e igualdad.

**Bifo contrapone su postura a la de Sreko Horvat. Según este, la pandemia no es una amenaza para la economía neoliberal, sino que crea su ambiente perfecto. “Podría favorecer el objetivo etnonacionalista de reforzar la fronteras y esgrimir la exclusividad racial, de interrumpir la libre circulación de personas, pero asegurando una circulación incontrolada de bienes y capitales […] el capitalismo también se adaptará a la nueva biopolítica del siglo XXI”, dice Horvat.


6. La vida como algoritmo

“El coronavirus como declaración de guerra”. Santiago López Petit

El capital tiene miedo y quiere salvar a los “terminales del algoritmo de la vida que organiza el mundo”, pero no nuestras vidas personales e irreductibles, que, de acuerdo con el autor, importan poco al sistema. Habla de la vida reducida a un algoritmo formado por secuencias ordenadas de pasos lógicos, que se encarga de organizar la sociedad.


7. Acabar con la desigualdad en materia sanitaria debería ser una obligación social

“El capitalismo tienen sus límites”. Judith Butler

La pandemia es una muestra de nuestra interdependencia global.

La desigualdad radical -que incluye el nacionalismo, la supremacía blanca, la violencia contra las mujeres, las personas diversas y la explotación capitalista- encuentra formas de reproducir y fortalecer sus poderes en la pandemia.

El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos sí.

Un ejemplo es el sistema sanitario de Estados Unidos que perpetúa una jerarquía entre los asegurados, los no asegurados y lo no asegurables.

Se habla de la atención sanitaria como un “derecho humano”, pero ¿por qué no entenderla como una obligación social, una que se deriva de vivir juntos en sociedad? ¿Por qué no tratamos todas las vidas como si tuvieran el mismo valor?


8. La pandemia por sí misma no supondrá un cambio profundo en lo político

“Sobre la situación epidémica”. Alain Badiou

Una epidemia es un punto de articulación entre determinaciones naturales y determinaciones sociales.

Para Badiou, en el mundo contemporáneo, la contradicción entre economía y política es obvia. Así, mientras la economía es mundial (interdependiente hasta en los productos manufacturados), los poderes políticos siguen siendo esencialmente nacionales.

La respuesta de los estados ha tenido que ser la misma que en un estado de guerra: sin trastocar el orden social establecido, integrar los intereses de clase (como estado burgués) con los intereses generales.

Badiou se opone frontalmente a la idea de que fenómenos como una epidemia abran por sí mismos algo políticamente innovador. La Segunda Guerra Mundial no provocó una revolución victoriosa en ninguna potencia occidental.

La epidemia actual, como tal, no traerá ninguna consecuencia política significativa a un país como Francia. No obstante, el autor anima a aprovechar este interludio y confinamiento para trabajar en nuevas figuras de la política, en nuevos lugares.


9. ¿Salvar el consumismo masivo?

“Política anticapitalista en tiempos de COVID-19”, por David Harvey

El modelo económico existente de acumulación de capital ya estaba en dificultades, como mostraban las protestas a lo largo de 2019 en distintos puntos del planeta: no estaba funcionando bien para la mayoría de la población.

Harvey rechaza la idea de la naturaleza como algo separado de la cultura, la economía y la vida diaria. Que la mutación de un virus se convierta en una amenaza para la vida depende de las acciones humanas: poblaciones de elevada densidad, rápida difusión internacional, interrupción de las cadenas de producción globales, políticas de austeridad y recortes, falta de interés por parte de las industria farmacéutica en investigación de enfermedades infecciosas o en la prevención…

El efecto a largo plazo puede consistir en abreviar o diversificar las cadenas de suministro mientras nos movemos hacia formas de producción menos intensivas en trabajo (con enormes implicaciones para el empleo) y una mayor dependencia de los sistemas de producción de inteligencia artificial.

No obstante, la mayor vulnerabilidad estaba en los modos de consumismo, que han estallado ahora: el turismo internacional, el consumismo de “actividades”… La única cosa que puede salvarlo es un consumismo masivo financiado e inducido por los gobiernos. Esto exigirá la socialización del conjunto de la economía de los Estados Unidos, por ejemplo, pero sin llamarlo socialismo.

La clase trabajadora en primera línea de la pandemia está muy definida en términos de género, raza y etnia en la mayoría del mundo. Es la que mayor riesgo tiene no solo de contraer el virus (por estar trabajando o no poder permitirse estar aislado en cuarentena), sino también de ser despedida sin recursos.