02 de diciembre de 2021

Taxonomía verde, tecnologías de transición y geopolítica europea



A medio camino (iStock)

Es evidente que en todos los momentos de cambio se producen luchas de poder en las que obviamente el que está establecido tiene más capacidad de negociación (y motivación porque tiene mucho que perder) frente al que viene de nuevas.

Mucho se ha escrito estos días tras la COP26 de Glasgow sobre el fracaso del multilateralismo para abordar el cuidado del planeta.  Los firmes defensores de una transición acelerada se sienten decepcionados además de preocupados mientras que los que tienen que cambiar su modelo de negocio (o sus hábitos de consumo) consideran  revolucionarias las propuestas planteadas e inasumibles los costes apelando al bolsillo de los ciudadanos de a pie.

Teniendo todos parte de razón no la tienen toda y en todo caso no se trata de ver quien gana el debate porque con un planteamiento así perderemos todos. No ganamos criticando a las empresas y su búsqueda de beneficio como eje vertebral de su actuación (es su obligación y garantía de buen funcionamiento). Tampoco descalificando por ideológicos los planteamientos regulatorios ambiciosos de determinados políticos (necesitamos lideres).

Nos falta nuevamente una visión de conjunto que facilite la inclusión de la mayoría contrastando las implicaciones de las propuestas parciales.

O buscamos entre todos la fórmula o perdemos todos.

Y voy a añadir un elemento definitivo de contexto especialmente aplicable a Europa: necesitamos construir una autonomía estratégica sólida que haga sostenible nuestro modelo social en un mundo regido por las luchas de poder que se dirimen en nuevos espacios en los que somos especialmente vulnerables (tecnologías vinculadas a la digitalización). Y es estratégica porque tenemos que identificar dónde es imprescindible y la energía es claramente una de ellas.

La transición verde nos conviene como europeos, la necesitamos, no solo por supervivencia sino como vector de transformación y dinamización. Es nuestra oportunidad y nuestro nicho  para desarrollar un modelo sostenible completo (generando futuro de la resolución de nuestros problemas) pero tenemos que optar por la tecnología puntera y no por las tecnologías de transición. Las medias tintas no sirven para impulsar el crecimiento económico que precisamos en estos tiempos. Y ya sabemos que la oportunidad se puede aprovechar por convicción (y voluntad firme) pero sobre todo por necesidad.

Las instancias europeas están en plena negociación para buscar el equilibrio adecuado de fuerzas para impulsar el mix europeo de transición verde a través de la famosa “taxonomía verde” que determina el ser o no ser “apto” para la sostenibilidad. La batalla estas semanas se centra en la inclusión de dos tecnologías intermedias: la energía nuclear y el gas.

Siendo cierto que hay que aprovechar todos los recursos disponibles que contribuyan al fin, quiero aportar una reflexión sobre la trampa que representa incentivar las medias tintas en detrimento de las energías renovables más “puras” y más concretamente de la innovación en tecnologías punteras.

Es preciso romper la inercia para que las cosas cambien. Las empresas como los humanos tendemos a mejorar en lo que siempre hemos hecho (tendencial) pero solo cambiando lo que hacemos y cómo lo hacemos seremos capaces de cambiar los resultados de nuestra inercia.

Si permitimos como opción tecnologías intermedias no se invertirá lo necesario ni habrá mercado suficiente para hacer rentables (y competitivas) las tecnologías más disruptivas.

El libro de Philippe Aghion et al. “Le pouvoir de la destruction créatrice” (traducido al español este año – gracias Andrés Ortega por la recomendación el libro, es excelente) dedica un capítulo a este tema llegando a la conclusión de que si queremos sacar el máximo provecho a la innovación tenemos que hacer una apuesta decidida por la disrupción y utilizar las intermedias como transición o medio necesario pero no como fin.

Estamos en una fase de cambio a una nueva era. De nosotros depende que sea una transición inclusiva que mejore nuestras vidas o una revolución que deje a muchos (y al final a todos) en la cuneta. Europa tiene una oportunidad de oro para contribuir desde su mercado a la transición energética global si apuesta por ser el innovador de la tecnologías verdes disruptivas para el conjunto del Planeta

Aquí dejo la provocación. Sigamos construyendo

La Taxonomía Europea es un sistema de clasificación de actividades económicas ambientalmente sostenibles. Esta clasificación determina qué se considera sostenible y qué actividades lo son. Gracias a esta hoja de ruta los inversores tendrán más seguridad a la hora de invertir en actividades sostenibles.