07 de julio de 2022

Es el momento de acelerar la transición energética



La situación económica, social y ambiental española necesitan urgentemente el impulso de una política energética renovada, al servicio de empresas y familias. Esa política energética debe asumir un escenario nuevo. Lo que hasta hace poco era nuestro día a día, donde las decisiones de los agentes económicos -grandes y pequeños- eran de por sí exigentes, se ha transformado en el último año en una realidad mucho más compleja.

La economía y los mercados energéticos globales han cambiado de forma estructural. Desde el punto de vista de la definición de prioridades energéticas y ambientales, al compromiso global en reducción de emisiones, derivado del Acuerdo de París de 2015, se unen de forma casi abrupta primero los negativos efectos de la pandemia sobre el sistema energético y más recientemente la invasión rusa de Ucrania. Esta nueva realidad ha empeorado de forma material nuestra dependencia energética e impactado sobre sus costes asociados.  Europa importa el 35% del gas natural de Rusia y ante la incertidumbre sobre el suministro, su precio se ha multiplicado por 4 desde principios de 2021.

La cumbre de la OTAN celebrada hace unos días en Madrid aceleró un escenario geopolítico de guerra fría… Las prioridades en materia de energía evolucionan rápidamente. Urge reducir al máximo y lo más rápido posible nuestra dependencia, en especial de países poco “confiables”, al tiempo que continuamos los esfuerzos en la reducción de emisiones, para limitar o retrasar los efectos nocivos del cambio climático, de sobra ya conocidos. No podemos elegir.

Para abordar esta nueva realidad y ofrecer respuestas, una política energética adecuada en España debe construirse en torno a tres ejes fundamentales

  1. Dar respuesta a corto plazo a los retos en el ámbito energético que supone un marco geopolítico y geoestratégico más complejo, fraccionado y estructuralmente más inestable. La dependencia energética nos hace vulnerables y tiene un elevado coste. Además de la transferencia de renta que ello supone (importamos energía por valor de 46.000 millones de euros en 2022), el crecimiento de los precios energéticos por encima del 35% resta competitividad a nuestra economía. Los precios energéticos se están filtrando a las expectativas inflacionistas del conjunto de la economía. El nuevo escenario geoestratégico nos exige a corto plazo asegurar la seguridad de suministro y la reducción de los costes energéticos. Enfrentar esta situación requiere aceptar la realidad actual, explicarla adecuadamente, analizar todas las opciones disponibles, concienciar a los ciudadanos y las empresas del reto que enfrentamos, generar ahorros siempre que sea posible y buscar alianzas con otras zonas geográficas de la mano de nuestros socios europeos para proveer nuestros mercados de productos energéticos a precios razonables y de forma segura. A pesar del desarrollo de las renovables en los últimos 20 años, España aún importa más del 75% de la energía que consume.

  2. Construir el medio y largo plazo aumentando la seguridad económica y ambiental que exige acelerar la transición energética a un modelo económico eficiente y muy electrificado, basado en energías renovables y tecnologías limpias y sostenibles.Para llegar hasta ahí necesitamos total objetividad en la evaluación del grado de madurez de las opciones tecnológicas disponibles y la adecuación de los marcos regulatorios. Aprendamos de la experiencia acumulada. Necesitamos acelerar el despliegue de tecnologías renovables y limpias, adecuar los instrumentos regulatorios y técnicos, e impulsar la innovación en el ámbito de almacenamiento energético -incluyendo el hidrógeno renovable y bajo en carbono-. Asimismo es preciso apostar por un programa ambicioso de digitalización, eficiencia energética y gestión de la demanda que produzca ahorros tangibles en áreas donde hasta la fecha no hemos tenido éxito.Debemos ser realistas en la adopción de políticas y regulación que permitan una transición energética efectiva y eficiente. Determinadas tecnologías tradicionales, con un impacto nulo o moderado en materia de emisiones, necesitan señales regulatorias que ofrezcan sostenibilidad económica a medio plazo, o simplemente no van a estar disponibles cuando las necesitemos. Y aún las necesitamos, como la situación actual ha puesto de manifiesto.Por otra parte, debemos medir cuidadosamente el paso de la actual dependencia energética fósil a una nueva dependencia de metales y minerales escasos necesarios en un futuro energético basado en mayor penetración de la electricidad, especialmente de renovables y baterías. Las implicaciones de este nuevo escenario de ‘dependencia mineral’, dado que estos recursos se encuentran localizados en unos pocos lugares del mundo, están todavía por definir. Debemos ser conscientes de sus posibles implicaciones y limitaciones antes de tomar decisiones que puedan revelarse más costosas que otras alternativas existentes.

  3. En tercer lugar, debemos, además, reconocer que España no puede actuar sola, su tamaño como potencia media, le impide tener un papel relevante en el discurso energético internacional. El papel de España debe acomodarse, evidentemente, a nuestra pertenencia a la Unión Europea. Pero es ahí donde podemos ejercer nuestra influencia. Es fundamental volver al centro del debate energético europeo. No buscando excepciones y arreglos específicos. Debemos dejar de seguir pensando que ‘Spain is different’, porque no lo somos. Al contrario, España debe reposicionarse como uno de los líderes intelectuales y materiales de la transición energética europea. Salir de la periferia y ocupar un espacio central, será beneficioso para nuestros intereses y los del conjunto de la UE.

Tenemos todas las herramientas para hacerlo. España cuenta con los instrumentos, instituciones, empresas y conocimiento necesarios para liderar en estos momentos de redefinición de prioridades y de planes de acción. Ello es así porque contamos con la experiencia y el talento de un ecosistema energético puntero: el trabajo hecho por todos para satisfacer los objetivos renovables y de eficiencia en el marco de la UE desde hace décadas, la madurez de las instituciones que gobiernan nuestra industria energética y la fortaleza de un sector industrial en la vanguardia mundial con capacidades y tecnología probadas. Concentremos nuestros esfuerzos en capitalizar nuestras fortalezas y convertir a España en uno de los motores de la transición, pero sobre bases de análisis sólido y propuestas ambiciosas y realistas, no ideológicas.

España tiene la oportunidad de liderar en la transición económica y energética europea, y por ende global. Estamos entrando en un nuevo paradigma geopolítico, económico y energético. Quizás más exigente a corto plazo, pero en el que nuestras capacidades, recursos naturales y experiencia en el desarrollo de energías renovables nos deben permitir colocarnos al frente de un nuevo modelo de crecimiento y generación de valor y empleo. Debemos convertir a España en un proveedor de seguridad energética y de reducción de emisiones para el continente. Tenemos un aparato productivo capaz de ofrecer bienes y servicios competitivos y sostenibles, como demuestran las cifras de balanza de pagos, que arrojan un superávit desde hace años. Ese es el camino.

Es el momento de capitalizar la voluntad europea de construir mercados más fuertes e integrados: invertir capital político y físico en mejores interconexiones para robustecer los mercados energéticos de Europa. Sobre esas bases, debemos construir un modelo español de economía industrial y de servicios sostenible, convirtiendo esta crisis en una gran oportunidad. Europa ha virado hacia una realidad en la que podemos aportar mucho, para beneficio mutuo.