31 de agosto de 2022

EL AGUA Y LOS MANDIBLE



Esta semana nos cortaron el agua por una avería en el edificio. Pensábamos que sería cuestión de horas, pero al día siguiente amanecimos sin suministro.

¡Abrir el grifo y que no salga nada! 

Después de un primer momento de conmoción (no hay plan de contingencia para lo que no se considera riesgo) – y un aseo de gato con toallitas húmedas – bajé al supermercado próximo a comprar un par de bidones de 5 litros. Soy de las que hablan con la gente y la cajera primero me animaba a comprar el doble porque había oferta… También me dijo que a lo mejor el corte tenía que ver con el gracioso que había pinchado y arrancado incluso el riego en los alcorques de media calle provocando el vertido sin control por acera y asfalto.

Volviendo con los bidones, pensé que debería llamar al Ayuntamiento para avisar del vertido. Nos han educado para pensar que siempre hay otro que se encargará y que es mejor no tener relación con la Administración… que no te da más que problemas. Esperé a que me atendiera un amable operador humano ante una opción no automatizada, me pidió todos los datos personales imaginables, pero estaba decidida a cumplir con mi obligación ciudadana. Ahora tengo una nueva app en mi móvil, pero lo más importante es que al poco llegaba un jardinero municipal para arreglar las fugas. Seguro que fue porque efectivamente llamó otro antes. Gracias vecino.

Ya en casa pienso qué hago con los 2 bidones de 5 litros. Lo primero que tenía que haber hecho era consultar al INE el consumo diario por persona en España: ¡132 litros!  Pero lo que hice fue recordar lo que se hacía en los pueblos de Castilla hace 50 años cuando no había canalización y se usaban los pozos -si tenías suerte y dinero- o se iba al caño a lavar la ropa y a la fuente a cargar lo que se podía para el consumo. Vuelta al presente rellené un barreño – que ya se lleva casi un bidón- para lavar los platos del día anterior y después utilizar el agua sucia como sustituto de la cisterna.

Es que parece que no aprendemos en cabeza ajena. Vemos las imágenes de la sequía africana que se acerca aceleradamente a nuestro territorio, que ya sufre restricciones cada vez más frecuentes, pero seguimos abriendo el grifo sin pensar. Y añado otro refrán (debe ser la edad):  solo valoras lo que tienes cuando lo pierdes

Todo esto me recordó a los Mandible (y a Alicia Coronil Jónsson que me recomendó su lectura). Una familia americana que vive el futuro distópico imaginado entre 2029 y 2040 por Lionel Shriver en 2016.
Las referencias al agua me parecieron dramáticas y sentí el alivio de creerme a salvo, pero estaba equivocada. Si no hacemos por cambiar, la distopía gana. 

Hoy es el agua pero otro día hablaremos de incendios.
De momento pensemos en colaborar con la Administración y vecinos para la mejor gestión de lo común, no esperar a que se encargue otro. No puede resultar barato y de fácil acceso lo que es finito y de difícil reposición. Pensemos en precios adecuados para recursos escasos e incentivos para un consumo responsable por parte de todos, con la solidaridad especial de los que podemos comprar bidones en el supermercado de enfrente.