06 de abril de 2020
Conversando sobre el futuro y Relathia


Pablo López es inspector de aviación civil y experto en infraestructuras y transporte aéreo. Se define como eterno aprendiz, entusiasta de las nuevas tecnologías, incluida la Inteligencia Artificial y un humilde futurista, estudioso y observador de la evolución del mundo. Gestión complejidad es su blog.
La conversación que mantengo con Elena Pisonero se centra en la situación actual de la sociedad con todos los retos que tiene por delante, así como por la preocupación por el cambio de época y la falta de conocimiento que tiene la sociedad ante la nueva situación, no ya la de la que viene, sino en la que está inmersa de lleno.
Las preocupaciones ante los diversos retos de gran calado que tiene ahora la sociedad (geopolítica, integración de la sociedad con las tecnologías disruptivas, cambio climático, etc.) están ahí desde finales del siglo XX y van creciendo de forma paulatina. Un evento importante como la actual pandemia plantea nuevamente esas preocupaciones, aunque ahora de forma brusca y también con la visión de claros riesgos.
El Covid-19 mide y tensa las costuras de la economía, la política y la sociedad. Todo apunta a que, una vez que haya pasado, habrá muchas cuestiones que no volverán a ser como antes. Estamos en una sociedad cada vez más compleja con una economía entrelazada como nunca sumado a un estado de la tecnología con enfoques disruptivos que aún no han sido asimilados por la versión analógica, que es la que a día de hoy somos. De forma aislada se comprende y se han sumado a nuestra realidad más inmediata 1.0 las versiones 2.0, 3.0 y 4.0 de la tecnología, sin haber dado apenas tiempo para que se asimilen unas a las otras y para que la sociedad tenga una panorámica global.
El Covid-19 ha generado una crisis sanitaria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. El confinamiento social está empezando a generar una crisis económica en todo el planeta de la que, en estos momentos, no se está en disposición de vislumbrar su alcance. Y hay también una tercera posible crisis que hasta ahora no se ha producido, la crisis social. La alta conectividad, las comunicaciones y las redes sociales han conseguido unir a millones de personas, aunque estas estén encerradas en sus casas. Se innova, se crean propuestas, la gente disipa sus miedos y expande su solidaridad debido a esa conexión virtual con el resto del mundo. Elena y yo reflexionamos sobre lo que pasaría si ahora un virus informático consiguiera anular parte de esa comunicación ciudadana y nos realizamos una serie de preguntas porque, llegados a este punto, más que nunca es el momento de actuar:
¿Ante qué estamos?
Ante un cambio de época. No es una crisis, es un nuevo modelo de funcionamiento, que ahora, justo en estos momentos se va a acelerar. El siglo XXI comenzará durante los siguientes diez años desde que se solucione la crisis sanitaria creada por el Covid-19.
¿Cuál es el riesgo?
Son varios, pero uno importante es que la sociedad no es consciente de ello. Más importante aún es que los gestores (tanto públicos como privados) en gran parte tampoco lo son y otra pequeña parte, sí lo es, pero carece de elementos de juicio o actuación para transitar por esos nuevos mares. No hay cartas de navegación…
¿Qué va a pasar?
No se sabe, pero hay lugar para la esperanza. Siempre ha habido exploradores que han transitado por lugares desconocidos y han ayudado a dibujar mapas y han aportado información valiosa. Hoy en día vivimos, no ya en la sociedad de la información, si no en la sociedad del conocimiento. Estamos hiperconectados y quizás preparados para generar una “inteligencia colectiva” que ayude a comprender primero y aportar soluciones después. No olvidemos que una de las definiciones de inteligencia es la capacidad de actuar y reaccionar ante las nuevas situaciones.
¿Qué se puede hacer?
Elena propone una iniciativa en la que ya lleva trabajando un tiempo y de la que es fundadora: Relathia. Esta iniciativa es una plataforma para aportar reflexión y conocimiento transversal. Bien podría ser una pequeña “nave” en la que embarcar a todos aquellos exploradores cuya misión es transitar el horizonte e ir colocando “faros” de conocimiento en todos aquellos puntos por los que es necesario navegar.
¿Qué es Relathia y hacia dónde puede dirigirse?
Elena comparte conmigo la explicación de su proyecto y ambos reflexionamos sobre cómo podría ser y cómo se podría orientar. Un lugar de encuentro interdisciplinar, transversal en el conocimiento. Una plataforma que con toda humildad aportará píldoras y “faros” de reflexión, conocimiento, y posiblemente líneas de actuación, cuyo objetivo es ayudar a comprender la complejidad de la nueva era social, política y económica que ya estamos transitado. Todas estas ideas y reflexiones estarán conectadas con el papel de la tecnología y muchas de ellas tendrán implicaciones geopolíticas.
No es posible vivir momentos de incertidumbre sin conocimiento. Este es a la sociedad lo que el alimento al cuerpo. Nadie piensa que un cuerpo viva sano sin una adecuada alimentación. Paralelamente, podríamos decir que para que nuestra sociedad se desarrolle de una forma sana, necesita un adecuado conocimiento que nos libre de agentes patógenos, más allá de los virus…