30 de abril de 2020
Disrupción digital y desigualdad
Decimocuarta entrega de la serie de «Conversaciones desde el confinamiento por el COVID19» dentro del proyecto Relathia para construir comunidad que acompaña en el propósito común de #PensarSumaryActuar para construir la sociedad del siglo XXI que queremos.
En esta ocasión os invito a escuchar mi conversación con Rafael Doménech, catedrático de Economía de la Universidad de Valencia y responsable de Análisis Económico de BBVA Research, con quien reflexiono sobre las conclusiones de su último libro “La era de la disrupción digital”, escrito junto a Javier Andrés.
El crecimiento económico es un fenómeno reciente visto en perspectiva histórica. Arranca con la revolución industrial, la primera, es decir, con la combinaciòn del progreso técnico y la economía, base del progreso humano en términos de empleo como fuente de rentas para la mayor parte de la población en niveles crecientes y distribuidos.
La Cuarta Revolución Industrial en marcha es más intensa, transversal y granular. Este proceso de transformación que impacta en el empleo convive con la preocupación por la creciente desigualdad. Pero no es el progreso técnico ni siquiera el modelo económico el que genera la desigualdad, sino la inadecuada combinación e ineficiente funcionamiento de las distintas etapas de generación y distribución de rentas.
Es muy relevante la conclusión a la que llega el libro “La era de la disrupción digital” porque invalida el cuestionamiento mayor del modelo económico-social, ya que la diferencia entre países avanzados con el mismo modelo son enormes. Es importante atacar las causas y no empeñarse en los remedios:
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Ex ante con buenos sistemas de salud y educación que garanticen la igualdad de oportunidades.
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En la generación y distribución de rentas en las empresas. Se constata que la brecha no es tanta entre trabajo y capital como entre salarios, sobre todo, entre empresas que son competitivas y las que no.
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Ex post: si todo lo anterior ha fallado o ha funcionado bien, pero no todos han tenido la misma suerte, tener una red de seguridad y políticas redistributivas que atemperen diferencias que no están asociadas al esfuerzo que se haya puesto durante la etapa productiva son necesarias.
El éxito de aprovechar las oportunidades de esta nueva era se tiene que plasmar en llevar a los países a la frontera de las tres dimensiones deseadas: elevadas tasas de empleo productivo y de calidad que reduzcan la desigualdad. Si conseguimos todo eso, el bienestar y prosperidad de los países aumentará y por el contrario, si nos quedamos lejos de esa frontera no habremos aprovechado todo lo que pone a nuestro alcance la revolución digital.
Busquemos el equilibrio de fuerzas y no la exclusión, Y en esa transición y transformación el papel de las empresas es fundamental combinado con buenas políticas públicas que promuevan igualdad de oportunidades, buen funcionamiento de los mercados y adecuada protección a las personas.