01 de abril de 2020
Aprender, aprender y aprender
Tercer capítulo de la serie «Conversaciones desde el confinamiento del COVID-19». En esta ocasión hemos contado con el lujo de charlar con Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política, experto en gobernanza pública, escritor, ensayista, gran intelectual y referencia obligada en estos tiempos de crisis.
“Esta crisis no es el fin del mundo sino el fin de un mundo. Lo que se acaba (se acabó hace tiempo y no terminamos de aceptar su fallecimiento) es el mundo de las certezas absolutas, el de los seres invulnerables y el de la autosuficiencia”.
Tenemos que diseñar instituciones capaces de gestionar la complejidad. Esta crisis tiene propiedades sistémicas. Esta crisis tiene que ver con la vulnerabilidad que estamos compartiendo.
Tenemos que entrar en un modo constituyente, al menos desde un punto de vista sanitario(UE). La democracia necesita reforzar su capacidad estratégica y de anticipación a riesgos futuros.
El reto es transformar esta crisis en una oportunidad de aprendizaje y de inteligencia colectiva.
De su último libro, “Una teoría de la democracia compleja: gobernar en el siglo XXI” (ya me ha anunciado que está escribiendo otro):
“Un cambio de época está requiriendo una transformación radical de la política, que ya no puede limitarse a administrar el estancamiento. La filosofía política está llamada a transformar la democracia haciéndola más compleja, volviéndola a pensar en un contexto caracterizado por una triple complejidad: la que procede del creciente número de actores que participan en ella de manera interdependiente, la de las lógicas (eficacia, legitimidad, solidaridad, prevención) y los tiempos (financiero, constitucional, comunicativo, medioambiental) que deben ser tenidos en cuenta y la legitimidad que se deriva de los conocimientos que hay que movilizar para tomar las decisiones oportunas”.