22 de marzo de 2020
La ambición China: mi experiencia ante el Covid-19

Vista de la ciudad de Shenzhen en China
Juan Torregrosa P. ha desarrollado en los últimos 15 años su actividad profesional en China, en concreto en machine learning, business intelligence y marketing digital.
Un español en China
Parece que 17 de noviembre ya había surgido un caso de un virus en la provincia china de Hubei. Cinco semanas después, el 30 de diciembre, ya había un claro conocimiento de que había un virus suelto parecido al SARS infectando a decenas de personas. El doctor Li Wenliang, un simple oftalmólogo, lo sabía y había empezado a avisar a compañeros y familiares. Li Wenliang fue amenazado por policía local y las televisiones nacionales hablarían de rumores infundados. Es enero del 2020 y ya se leen noticias de un virus en Hubei pero nuestras cabezas están más en el incendio de Australia, la escalada de tensión entre Irán y EEUU, y la la llegada de las vacaciones del nuevo año chino.
Taiwán parece la única en reaccionar a la información oficial dada por su enemigo y hermano.
El 23 de enero el gobierno Chino despierta de su letargo y cierra completamente la ciudad de Wuhan y la mayor parte de Hubei. Es la mayor cuarentena de la historia de la Humanidad. De repente. Sin casi avisos.
Una semana después, a miles de kilómetros de Wuhan, en la meridional Shenzhen, empezábamos a sospechar que el virus y el caos podría incluso devorarnos. En poco tiempo se pasó de la sorpresa a un pesimismo brutal. No había solución. Todo eran mensajes de amigos, llamadas con mi madre, noticias, rumores, preocupaciones y muchos, muchos números. El tsunami venía y había que tomar una decisión.
Para el 8 de febrero ya parecía el fin del mundo y lo que más miedo me daba no era tanto el virus sino el tener una cuarentena forzada. Era la guerra. El fin del mundo. O esa parecía porque de repente, los números fuera de Hubei se frenaron casi en seco. Hoy, dos meses después del inicio de la cuarentena de Wuhan, China parece tener controlado el virus completamente y la gente sale a trabajar, a pasear por parques y hacer una vida casi normal.
¿Qué ha funcionado en China?, ¿y en Corea?, ¿por qué los países cerca del centro del epicentro han reaccionado mejor que los lejanos?, ¿hay que hacer examen de conciencia a fondo sobre nuestra sociedad, nuestros valores y sus estructuras?
Parecen preguntas normales en una situación tan anormal como la de ahora, pero las respuestas que se oyen en España muchas veces me parecen guiadas únicamente por la ideología de cada uno. Y si la conversación es un periódico parece que lo más importante para muchos no es analizar los hechos, sino gritar ‘¡somos ante todo una democracia. Tenemos derechos y libertades!’
Me sorprende oir eso, la verdad, porque decir que somos una democracia es como si un jugador de la NBA dijera que es alto y negro. No me parece que aporte mucho ese dato. En el planeta Tierra casi todos los países son democracias. Argentina, Suiza, Japón, Botswana…la lista es interminable. Lo raro es el sistema Chino. Y por eso es tan valioso estudiarlo. Son precisamente los ‘outliers’, los ‘raritos’, los que muchas veces nos permiten extraer más información de una situación.
Creo que ha habido y hay muchos malentendidos sobre China y cómo ha gestionado esta crisis. La primera es pensar que su sistema es más eficiente por ser autoritario, centralizado y por tener unos tintes dictatoriales representados por su presidente Xi Jinping. Pues bien, vengo a decir que China ha hecho cosas extraordinarias en esta crisis, pero que el Partido Comunista Chino reaccionó con muchísima lentitud desde que tuvo su primer caso hasta que cerró la ciudad de Wuhan. Lo más alarmante es que esta es la segunda vez que cometen un error con un virus: el SARS de 2003 también salió de China. ¿Por qué esa lentitud? Pues una respuesta es que en China el mandato supremo es mantener la estabilidad, formalmente conocido como 维稳 . Esa obsesión por la estabilidad y no provocar crisis es lo que hace en parte que la información fluya tan lentamente en China.
Otro malentendido sobre China es pensar que su autoritarismo le da una ventaja sobre el resto de democracias y estados con separación de poderes claros. Sorpresa, su presidente Xi Jinping desapareció del radar completamente durante las primera semana de la crisis post-Wuhan. Lo que es más sorprendente aún, se vio una descoordinación inexplicable entre Beijing y el resto de regiones. No había presidente, no había mensaje unificado, había muchos rumores y una cacofonía de voces de expertos, gobernadores regionales y mensajes de ciudadanos privados. Y de esa marabunta surgió la voz del doctor Zhang Wenhong, en la que habló sin tapujos del virus y del Partido Comunista. Se me erizan los pelos al recordar ese momento. En quince años en China no había oído a nadie hablar así del Partido Comunista. Era la primera gota de la tormenta que estallaría con la muerte del doctor Li Wenliang y la mayor protesta pro-democracia de la historia de China desde 1989.
Es decir, en China hubo lentitud (como en España), los políticos usaron expertos como escudos (como en España) y hubo una sensación de pánico e indignación contra el gobierno como no se recordaba en décadas (como en España). Lo que no fue como España es la reacción del pueblo chino: tuvieron miedo y tomaron precauciones de inmediato. ¿En España? Risitas.
Es difícil cambiar la personalidad de un pueblo y dudo mucho que los españoles cambiemos incluso con esta crisis, así que concentrémonos en los políticos y el sistema. Y aquí es cuando mucha gente se pone nerviosa porque no quiere ni oir hablar de la posibilidad de que un estado autoritario pueda ser mejor para sus ciudadanos. Yo en cambio no veo debate: los estados democráticos tienen herramientas de sobra para implementar medidas draconianas en situaciones como las de ahora. Es más, en España ya se han impuesto y se van a imponer medidas más draconianas que en China, donde solo la provincia de Hubei sufrió una paralización total. Es decir, menos del 5% de la población. Aquí quizás vaya a ser el 100%.
Bien, he hablado de la respuesta superior que vi de los ciudadanos chinos. Al menos en mi ciudad, Shenzhen. Pero también me impresionó una cosa de la reacción del gobierno y su Partido Comunista: su ambición. Eso y no su eficiencia es lo que yo destacaría del gigante chino. Una ambición que vi reflejada en la manera en que los botones de los ascensores se limpiaban cada día y de cómo se hacían registros de esas limpiezas; o cómo se obligaba a la gente a registrarse para entrar y salir de edificios con la idea, increíble, de poder rastrear la aparición del virus en cualquiera de sus mil cuatrocientos millones de ciudadanos. No en el 80% o el 90% de las situaciones; sino en el 100%. Asombroso. Incluso algún experto virólogo de la John Hopkins no entendía cuál era el ‘endgame’ de China porque parecía que frenar su expansión totalmente era imposible.
Esa ambición, junto con el hábito industrial de ser sistemáticos y una capacidad de resistencia tremenda del pueblo chino es lo que yo creo les ha permitido obrar el milagro. Un milagro que nosotros debemos buscar.
Hay muchas cosas que podemos aprender de los países orientales y de sus medidas. De Corea el uso de la tecnología y como rastrearon los casos. De Taiwán su rapidez en actuar. De Singapur cómo el jefe de estado salió a dar la cara desde el primer día…Y de China, la China no democrática y gobernada por un partido autoritario, se pueden aprender muchas cosas, pero por encima de todo, yo me quedaría con su enorme ambición. Ambición por derrotar completamente a este coronavirus.
Referencias
Li Wenliang: Coronavirus death of Wuhan doctor sparks anger. BBC.com
China decreta la mayor cuarentena de la historia por el coronavirus. La Vanguardia.
The Politics of Weiwen: Stability as a Source of Political Legitimacy in PostTiananmen China
Taking credit, avoiding blame? Xi Jinping’s absence from coronavirus frontline. The Guardian
Coronavirus: meet the doctor who became an online celebrity for his straight talk. South China Morning Post
Vídeo: Containment of novel coronavirus ‘probably not possible’ and outbreak may become ‘pandemic’: Expert. Canal Youtube CNA
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