27 de junio de 2022

¿Sirve el patrimonio cultural para dinamizar el mundo rural?



Esta pregunta nos ha estado rondando durante todo el curso de verano “Mundo rural y patrimonio. De la etnografía al desarrollo territorial” impartido por la UNED. Obviamente, por la temática y por el interés personal que despierta en mí, no he podido resistirme a asistir, y ahora, a reflexionar sobre ciertos aspectos que se han comentado. 

Como ya he venido defendiendo en otros artículos, el patrimonio cultural es un recurso puesto a disposición de la sociedad que lo crea y lo emplea. Es un conjunto de elementos interdependientes que se va adaptando a las necesidades de la sociedad y cuyo discurso se va transformando según se traspasa de generación en generación. Así, el patrimonio cultural no remite sólo a lo antiguo sino que también engloba nuevas prácticas y festividades que la sociedad toma como elementos identificativos del siglo XXI. Porque el patrimonio, al final, es un recurso que refuerza la identidad, el sentimiento de pertenencia, la cohesión social, la autoestima, la memoria histórica y la creatividad de cada comunidad. 

Pero el patrimonio cultural hay que conocerlo para saber cómo usarlo. La investigación en patrimonio y su archivo es fundamental tanto para salvaguardar las distintas formas patrimoniales como para ver su alcance y potencial. En esta labor, y en el contexto tecnológico global en el que nos encontramos, la aplicación de nuevas herramientas tecnológicas es una buena vía de trabajo. Aunque para cualquier acción hace falta la implicación de todas las administraciones, y en concreto, la figura de la universidad puede ser un referente.

Una vez hecha esta labor etnográfica del patrimonio cultural de cada contexto, llega la puesta en marcha de proyectos a corto y medio plazo con iniciativas concretas e interesantes para la comunidad. La musealización, creando pequeños museos o centros de interpretación en los pueblos, ha sido una forma típica de proyecto que procura el mantenimiento del patrimonio a la par que sirve de atractivo turístico en zonas con escasos recursos paisajísticos. Pero también hay muchas otras opciones como las representaciones teatrales, los recitales de poesía, los festivales, las rutas o las jornadas de puertas abiertas de los monumentos. O mejor aún, surgen talleres y cursos de recuperación y conservación del patrimonio, como el caso de Valcabado del Páramo y su artesonado mudéjar que me ha llamado especialmente la atención por la implicación de sus vecinos.
Al final, de lo que se trata es que mediante el uso de este patrimonio, se consiga la participación ciudadana y se dinamice la sociedad; especialmente el grupo de la juventud ya que es el futuro rural. El patrimonio es un atractivo que crea cohesión social y fortalece la identidad, de manera que gracias a él encontramos la pertenencia a un lugar y visibilizamos que cada territorio rural tiene un pasado, un presente y un futuro.