04 de junio de 2020

Hoja de ruta para el relanzamiento económico tras el COVID-19



Esteban Sastre es Director de economía y empresa del Instituto de la Empresa Familiar.


La semana pasada, el Instituto de Empresa Familiar y el IESE hicieron público el documento conjunto, “El impulso del empleo y el relanzamiento de la empresa: algunas reflexiones para la acción”, con el que se plantean algunas medidas con el fin de tratar de mantener el empleo, preservar el tejido productivo e impulsar a las empresas viables.

Según se va superando la grave situación sanitaria, el informe destaca la necesidad de hacer un diagnóstico riguroso y diseñar un proyecto de relanzamiento de la economía y de la actividad empresarial ajustado a los distintos sectores, para presentar ante el Gobierno y la UE.

En un momento económico muy delicado, se plantea la necesidad de llevar a cabo un paquete de medidas excepcionales que, por una parte, facilite la liquidez de las empresas y apoye especialmente a los sectores más afectados y, por otra, aproveche el momento como una oportunidad para afrontar las debilidades estructurales de la economía.

Así, las propuestas se articulan en cinco políticas centrales:

1. Apoyo a la liquidez y estructura financiera de las empresas, para evitar que los problemas de tesorería deriven en problemas de solvencia.

2. Marcos laborales para ERTEs más flexibles y ágiles, según cada sector.

3. Fomento del impulso emprendedor: inyección directa de capital de forma temporal en proyectos de emprendimiento, ligadas a ciertos requisitos.

4. Una política fiscal que adapte la carga fiscal de empresas y familias a la grave situación, impulsar la lucha contra el fraude y mejorar la gestión del gasto público mediante mayor eficiencia, transparencia y rendición de cuentas.

5. Incremento de la empleabilidad mediante un fuerte impulso a las políticas de formación para el empleo, orientadas a la mejora de la productividad y la digitalización.

Todas estas propuestas se plantean desde el convencimiento de que un buen plan de salida debe estar orientado hacia la recuperación de la confianza. Para ello, es imprescindible un mayor grado de colaboración entre partidos políticos y entre el sector público y privado; una comunicación más activa con expertos de reconocido prestigio; y una visión internacional que contribuya al diseño de los planes de apoyo de la UE.

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