¿Por qué olvidamos nuestras raíces si buscamos comunidad?

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Por Cristina Tarodo.

El campo y la ciudad, lo rural y lo urbano. ¿Por qué siempre tendemos a contraponer estos términos como si hubiese que elegir entre ellos sin pararnos a pensar que quizás se necesiten el uno del otro?, ¿por qué el campo y lo rural tienen connotaciones negativas y la ciudad se ve como el único sitio en el que poder vivir?


Despoblación, masculinización de la población, falta de oportunidades laborales, deficiencia en infraestructuras, falta de servicios básicos… Es innegable que todos estos problemas son comunes en los territorios rurales, pero ¿por qué no somos capaces de cambiar nuestro enfoque para ver al campo como algo positivo y no como un problema que importa cada vez a menos?, ¿por qué no situar al campo en función de sus fortalezas para ayudar a crear un nuevo espacio rural que pueda hacer frente a los retos a los que se enfrenta?


En Relathia venimos desde hace tiempo planteando un nuevo enfoque de ruralidad para el desarrollo de la sociedad del siglo XXI. No se trata de hacer los pueblos ciudades sino de situar al campo, que es el oxígeno de la humanidad, en función a sus fortalezas a través de la escucha para así unir los grandes debates con lo que piensa la gente en el terreno.


En la sociedad del siglo XXI el campo tiene mucho que decir. La realidad es que estamos en un momento en el que las personas, a pesar de que nos concentramos en las grandes ciudades, buscamos más que nunca la comunidad. Y esa forma de vivir que ansiamos la encontramos en el campo, en nuestros orígenes.


Hace unos meses llegaba a mis manos, por recomendación, el libro “Tierra de Mujeres” de María Sánchez. La escritora y veterinaria, conocedora de la vida en el terreno por su familia y trabajo, realiza en él una reivindicación de la vida en el campo y de sus habitantes. Esa necesidad de buscar en nuestros orígenes es una de las reflexiones que refleja en su libro:


En un mundo en el que cada día manda más lo individual y la inmediatez, volver la vista a nuestros márgenes es un ejercicio necesario y fundamental. Es curioso que, en nuestras ciudades, cada día surgen y crecen más colectivos que buscan como fin la comunidad. Que se caracterizan por la sororidad, la creación de vínculos con las personas que forman el grupo, que buscan, a fin de cuentas, un intercambio de saberes o de ayudas. A fin de cuentas, un tipo de cuidados. También en las ciudades crece cada vez más la inquietud por querer hacerlas sostenibles y verdes. Nos preocupa la contaminación, el cambio climático, lo que comemos. Nos da miedo y nos duele la soledad. No queremos ciudades frías, queremos comunidades.

¿Por qué olvidamos la raíz?

¿Por qué olvidamos de dónde venimos?

¿Por qué no mirar a nuestros pueblos?


Nos encontramos en un momento de redefinición en el que cada uno tiene que ver dónde posicionarse y el campo debe situarse en función a sus fortalezas. ¿Por qué no cambiamos entonces nuestra mirada?, ¿por qué no planteamos un espacio nuevo que contribuya a la resolución de los grandes retos de la sociedad del siglo XXI frente al enfoque que da por perdido la vida en el campo?


Fuentes:

  • Sánchez, M. ,(2019) Tierra de mujeres (pp. 65-72).Barcelona, Seix Barral.

Cristina Tarododisplay